Todos llevamos dentro una disposición natural hacia el bienestar, y en buena medida depende de nosotros decidir si le damos o no una oportunidad. La psicología positiva resulta «revolucionaria» porque pone el foco en aquello que nos ayuda a vivir mejor, en lugar de centrarse únicamente en los problemas. Su propósito es fortalecer nuestra capacidad de amar y de ser amados, encontrar sentido en lo que hacemos, asumir la responsabilidad de aquello que sí podemos transformar y desarrollar resiliencia ante lo que no está en nuestras manos cambiar.
A partir de las capacidades mentales y emocionales que nos permiten disfrutar de la vida, resolver dificultades y atravesar la adversidad, esta disciplina propone cultivar cualidades como el optimismo, la confianza y la gratitud. No se trata de negar los momentos difíciles ni de maquillar la realidad, sino de aprender a mirar también aquello que funciona, lo que sostiene y lo que puede crecer incluso en contextos complejos. En ese equilibrio se abre la posibilidad de sacar lo mejor de uno mismo.
Una mirada orientada a los recursos
La psicología positiva invita a cambiar la pregunta habitual. En vez de limitarse a indagar qué falla, propone también preguntar qué nos ayuda, qué fortalezas ya están presentes y cómo pueden desarrollarse. Ese enfoque no sustituye otras formas de intervención psicológica, pero sí añade una perspectiva valiosa: la de trabajar los recursos internos, la motivación y la capacidad de construir una vida más plena.
Desde esa óptica, la felicidad no aparece como una meta abstracta o permanente, sino como un proceso que se alimenta de hábitos, decisiones y vínculos. Aprender a reconocer los avances, valorar los apoyos y dar sentido a las acciones cotidianas puede marcar una diferencia importante en la manera en que afrontamos el día a día.
Guila Clara Kessous
Guila Clara Kessous es actriz, directora, traductora y universitaria. Su trayectoria como antigua alumna de la ESSEC y su doctorado en letras no parecían conducirla de forma directa al arte dramático, pero su carrera fue tomando forma precisamente en la intersección entre el teatro y la enseñanza. Ese recorrido le permitió unir su vocación artística con una intención clara: defender causas humanitarias y sociales a través de su trabajo.
Hoy es artista de la UNESCO por la paz y ha sido nombrada Chevalier des Arts et des Lettres por el Ministerio de Cultura. Su perfil refleja una combinación poco habitual entre creación, compromiso y labor académica, lo que explica el lugar que ocupa dentro de los proyectos que buscan dar al arte una dimensión transformadora.
Bruno Adler
Bruno Adler trabaja como consultor, formador y coach. Comenzó su vida profesional como educador especializado con niños y adolescentes «difíciles», una experiencia que seguramente marcó su forma de entender el acompañamiento humano. Más tarde pasó al mundo de la empresa, primero como formador y después en misiones de consultoría vinculadas a la gestión del cambio.
Con el tiempo amplió su actividad hacia el coaching de equipos y también el individual, combinando distintas herramientas para apoyar procesos de desarrollo personal y profesional. Se incorporó al grupo Manpower como Director de Proyecto Formación de su filial FuturSkill, y en 2010 participó en la redacción del libro Les outils du développement personnel pour manager, publicado por Eyrolles.
Un diálogo entre arte, formación y desarrollo personal
La unión de las trayectorias de Guila Clara Kessous y Bruno Adler resulta coherente con el espíritu de la psicología positiva. Por un lado, el teatro y la creación artística ofrecen un espacio para explorar emociones, representar conflictos y abrir nuevas perspectivas. Por otro, la formación, el acompañamiento y el coaching aportan métodos para traducir esas intuiciones en cambios concretos en la vida personal y profesional.
Ese cruce entre sensibilidad artística y práctica de acompañamiento ayuda a entender por qué la psicología positiva ha despertado tanto interés. Habla de la posibilidad de entrenar competencias que a menudo se dan por supuestas: aprender a perseverar, a agradecer, a confiar, a cooperar y a encontrar sentido incluso cuando las circunstancias no son fáciles. En ese sentido, no promete una vida sin dificultades, sino una manera más consciente y sólida de atravesarlas.
La idea de fondo es sencilla, pero poderosa: el bienestar puede cultivarse. Y cuando se trabajan las capacidades emocionales y mentales que sostienen la experiencia humana, el cambio deja de depender solo del azar o de las circunstancias externas. Empieza a convertirse en una tarea compartida entre lo que vivimos y la forma en que decidimos responder a ello.

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