Aunque Cleopatra es una de las figuras más célebres del mundo antiguo, su vida sigue rodeada de incertidumbre. Cleopatra VII Thea Philopator gobernó Egipto durante 22 años y pasó a la historia como una reina poderosa, astuta y decidida. A lo largo de los siglos, su imagen se ha mezclado con relatos de seducción, ambición y violencia, hasta convertirla en un personaje casi mítico. Buena parte de esa visión procede más de Hollywood y de la cultura popular que de los hechos contrastados. La interpretación de Elizabeth Taylor en la superproducción Cleopatra de 1963 consolidó esa iconografía, y después llegaron muchas otras versiones en el arte, la ficción y el cine, casi siempre cargadas de anacronismos, exageraciones y poca fidelidad histórica.
Lo que sí se sabe con bastante seguridad es que, cuando murió su padre, Ptolomeo XII, en 51 a. C., Cleopatra, con 18 años, heredó el trono. Durante su reinado compartió el poder con dos de sus hermanos y con su hijo mayor, aunque su objetivo real era gobernar Egipto en solitario. Para sostener esa posición, buscó el apoyo de dos de los generales más influyentes de Roma. En 47 a. C. tuvo un hijo con Julio César, al que llamó Cesarión, es decir, “pequeño César”, pese a que su nacimiento era ilegítimo. Unos años más tarde, en 44 a. C., el asesinato de César rompió esa alianza y la obligó a replantear por completo su estrategia política.
Su nueva relación política y sentimental fue con Marco Antonio, uno de los hombres fuertes del mundo romano y antiguo aliado de César. Con él mantuvo la colaboración con Roma y tuvo tres hijos. Sin embargo, Octavio, hijo adoptivo de César, declaró la guerra a la pareja. La derrota terminó con la muerte de ambos: Cleopatra falleció en 30 a. C., a los 39 años, como última reina de Egipto y penúltimo faraón egipcio. Poco después, Octavio ordenó también la ejecución de Cesarión, que tenía 17 años. Más tarde, Octavio se convertiría en el primer emperador romano con el nombre de Augusto, reclamando la herencia política de César y poniendo fin al reino ptolemaico.
Han pasado más de 2.000 años desde su muerte, pero Cleopatra sigue despertando fascinación. Su figura ha quedado envuelta en mitos que han sobrevivido tanto como su leyenda. Estas son cinco ideas muy extendidas sobre la reina egipcia que ayudan a separar la realidad histórica de la ficción.

Mito: Cleopatra era étnicamente egipcia
Cleopatra es una de las personalidades más conocidas de la historia de Egipto, pero no era étnicamente egipcia. Nació en Alejandría, Egipto, hacia 69 a. C., aunque su linaje se remonta a la Grecia macedónica. Era hija de Ptolomeo XII, descendiente de Ptolomeo I Sóter, un general macedonio que sirvió a las órdenes de Alejandro Magno y fundó la dinastía ptolemaica, que gobernó Egipto durante siglos. Los historiadores no han podido identificar con certeza a su madre. Las hipótesis más aceptadas apuntan a que pudo ser Cleopatra V, primera esposa de Ptolomeo; su segunda esposa, cuyo nombre no se conoce; o una concubina.

Mito: Cleopatra no estaba preparada para ser reina
Se sabe poco sobre la infancia y la adolescencia de Cleopatra antes de subir al trono, pero, como miembro de la familia real ptolemaica, recibió una educación muy completa. Su formación helenística abarcó retórica, filosofía, astronomía, música y literatura griega. También se le atribuye el conocimiento de unas nueve lenguas, entre ellas egipcio, griego, latín, sirio, árabe, hebreo, etíope, persa y arameo, y fue la primera de su dinastía en aprender la lengua egipcia. Las fuentes históricas la describen como una mujer muy inteligente, con dominio de materias tan diversas como la economía, la estrategia militar, el derecho y la lingüística.
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